domingo, 31 de julio de 2011

Valentino

Llegamos y el departamento estaba copado por gente. Muchos desconocidos. Saludamos uno por uno y luego nos aislamos en el living. Mirábamos el televisor. La música estaba muy fuerte por lo que solo veíamos como se movían los labios de esa morocha que aprecia vendiendo un producto de Sprayette. De pronto el se acerca y apaga el aparato. “Siempre pasa lo mismo, la gente te cuelga viendo el tele”. Lo miramos y reímos. Me levante y prepare un para los dos. 
“Que rico que esta esto”, dijiste mientras saboreabas la dulce mezcla en la copa de cristal. La gente seguía parloteando . Hablando pero no comunicándose. Otros en una relación simbiótica con sus smartphone. De repente lo veo venir con su andar tan peculiar. Se movía con gracia. Aunque siempre esta religiosamente presente en las reuniones que se arman en ese departamento de calle San Juan, nunca le había prestado atención. Es realmente bello. Sus ojos parecen enormes perlas negras. Se acerco a mi y me miraba atentamente. Me hizo sentir alabado. Se dio vuelta y se alejo por el pasillo que conducía a la habitación. Lo vi deslizarse lentamente hasta que se perdió en la oscuridad. 
Eran las tres de la madrugada y me sentía agotado. Hacia desde las 6 de la mañana que estaba despierto. Me senté en el sen banquito cerca de la mesa ratona que estaba repleta de revistas de decoración. “Que bueno que esta ese mueble”, te dije mientras ojeabas a los demás. “No lo banco a ese pelotudo”, señalaste al de camisa a rayas. “Yo menos”. Nos reímos cómplicemente y luego cambiamos de tema. Era un despropósito brindarle atención a quienes no lo merecen. Nos pusimos a hablar de algo que nos encanta: el arte. Luego el llego y se sentó en mis piernas. Lo mire y por un segundo pensé en sacarlo. Lo deje. Lo acaricie y luego agarre su cara y lo bese. Fue un momento sublime. Nunca pensé que pudiera llegar a sentir tanto amor al besarlo. El me labio los labios de punta a punta. Le convide un poco de mi trago. Le encanto y silenciosamente me pedía mas. Vos mirabas la escena y te acomodabas la rulienta cabellera mientras lanzabas un “Son tal cual, dos perros”. Me reí mucho. Vos siempre con esos comentarios tan graciosos. Valentino seguía sobre mis piernas y yo le hacia cariñitos en el cuello. Sue piel era tan suave y candente. Lo atesore entre mis brazos unos minutos y luego lo baje. Lejos de irse, el se quedo sentado a mi lado. Sus ojitos me miraban y era como si me pidiera que un abrazo, un mimo. Me acerque a charlar con la gente. “Que tranquilo que esta con vos, se vee que le gustas”, dijo el dueño de casa. “”Cuantos años tiene”, pregunte mientras miraba los ojos de valentino brillaban intensamente. Me contó que tenia nueve meses y era el mas chico de los hermanos. 
La noche trascurría y yo seguía enamorado de ese ser tan especial y sincero. Nunca me gustaron los perros y mucho menos los chiguaga, pero este era especial. Yo le gustaba y el ami también. Por unas horas disfrute de un amor puro y desinteresado: el que solo los animales pueden dar.

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