viernes 29 de julio de 2011

Deseada

Ella era la mas bella del grupo de amigas. Rubia y con un cuerpo bien proporcionado por donde la veías. Siempre con esa sonrisa tan peculiar. Sus enormes ojos celestes te hipnotizaban al parpadear.
Para desgracia de las menos agraciadas que dicen que las mujeres lindas no son mas que un hermoso adorno al cal se puede atesorar dentro de una vidriera de cristal, ella era muy inteligente. La mejor alumna de su comisión. "Será una de las mejores arquitectas de Rosario", siempre decíamos con Juan cunado la Lola se hacia presente en nuestras charlas.
Eran las diez de la noche y estábamos en el living de la casa de Soledad Lombardi. “Que genial esta escultura”, dijo Juan. Era el cuerpo de una mujer sin brazos ni cabeza, íntegramente en mármol italiano. Yo lo mire y asentí con la cabeza aunque por dentro pensaba “que carajo me interesa este absurdo trozo de mármol”. Luego pasamos a la cocina. En la mesa había cuatro botellas de Chandon extra brut y seis botellas de Santa Julia blanco. Sole nos enseñaba una de las ultimas pinturas de su madre. La fumadora vieja insoportable que siempre nos torturaba con alguna de sus anegadotas de juventud. “A la edad de ustedes yo ya me mantenía sola. A los 20 años me pague mi primer viaje a Paris”, repetía incansablemente cada vez que podía echárnoslo en cara. Nos hicimos los interesado y observamos los cuadros. Eran muy raros. 
Volvimos al living, me senté en el sillón y me puse a hablar con Clarita, la mejor amiga de la hermana de Sole. Una colorada muy simpática y sensual. Hablamos frivolidades como de costumbre. “Hoy me gaste mil quinientos pesos en el Shopping, papá me va a matar… soy una tarada pero ese vestido me gritaba que lo saque de la vidriera y bueno después necesitaba unos zapatos que fueran con el vestido”. Nos reímos. Yo la inspeccionaba detenidamente. Sus pechos se desbordaban por ese escote corazón parecía salida de un comic porno. Le dije que estaba muy linda. Ella sonrío y se acomodo su rulienta y  cobriza cabellera. Luego me levante y camine hasta la cocina para servirme vino. Juan me siguió. “En un rato llega Lola”, me dijo mientras luchaba con el corcho. 
Paso una hora y no pasaba nada, ella no llegaba y la fiesta estaba muy aburrida. Estábamos rodeado de gente que no conocíamos. Gente de la facultad, del club y del barrio que alguna vez habíamos visto, pero con quienes nunca intercambiamos ni un “hola”. La música sonaba muy fuerte y yo rezaba porque la vecina del piso de abajo no viniera a quejarse como cada fin de semana que nos juntábamos en el departamento de Soledad. “No esta la vieja rompe pelotas, creo que se fue a visitar unos parientes, algo así le dijo a mama”, comento la dueña de casa con la copa de champagne en una mano y el cigarrillo en la otra. 
Me puse a hablar con Juan de cualquier estupidez mientras sonaba el hit del momento “A far l’amore comincia tu” de  Raffaella Carra con Bob Sinclar. De pronto la enorme puerta de roble se abrió y apareció ella, inmaculada dentro de ese vestido negro que dejaba al descubierto esas perfectas piernas. El cabello dorado recogido de costado, ese peinado raro que solo a ella le quedaba bien. Camino hacia nosotros  mientras movía su cabeza de un lado al otro al compás de la canción que nos invitaba a bailar. En un rincón estaban las arpías, un grupo de feas que quisquillaban por lo bajo. Sus labios se movían sin cesar y la señalaban con la mirada a la rubia de piernas largas que captaba todas las miradas. Lola se acerco y nos dio un calido abrazo. “que placer verlos, siempre impecables ustedes dos”. Juan y yo nos reímos mientras la tomábamos de la cintura. Le convide el vino de mi copa y bailamos los tres. En un momento ella se soltó el cabello y comenzó a animar la fiesta. Se movía sin parar y reía como loca. La música seguía sonando y las miradas nos desnudaban. “Que delicia”, dijo ella mientras bebía el champagne. Luego nos comento que había aprobado otra materia de la carrera y estaba feliz. Hablamos un poco de nuestros proyectos y más tarde saco la cámara para inmortalizar el momento. La rubia posaba desinhibida. Sus caras eran mejor que un desnudo artístico. Era innegable que esa chica era modelo y sabia de que se trataba posar para las cámaras. Los muchachos se acercaban y le hablaban al oído. Ella los escuchaba y con una sonrisa entre dientes movía su blonda cabellera de un lado al otro. Eso era un diplomático “no”. Pasaron varios chicos y ninguno si quiera gano su numero de celular o su Facebook. Luego se acerco a nosotros y nos dice “esta noche sólo quiero bailar y divertirme con ustedes”. Nos reímos a carcajadas y seguimos bebiendo el extra brut. Los ojos nos acosaban, esta vez los de los hombres únicamente. Nos envidiaban por tener la compañía de esa bella mujer que bailaba y se reía sin parar. 

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