Esa día arranco tranquilo como cualquier otro. Por la mañana limpie mi cuarto y en la tarde salí a dar una vuelta en bicicleta. Solo, como siempre. Dicen que los Domingos son días en los que te sientes más vulnerable que de costumbre. A mi me pasa muy seguido. Diría que casi todos los días desde que tengo uso de razón. Hace dos años que nos mudamos a Carolina del Norte. Por el trabajo de papa nunca podemos quedarnos mucho tiempo en un lugar.
De regreso a casa atravesé el Parque Deer. Muchos chicos correteando y mostrándose felices ante el calido sol que se filtraba por las ramas de los árboles. Familias y grupos de amigos. Todos riendo.
Mama estaba leyendo un libro en el sillón junto a la ventana. Ni noto que había regresado. Cuando pase por el cuarto de mis padres eche un vistazo para ver si por casualidad estaba papá pero como de costumbre no lo estaba. Entre a mi habitación y me deja caer sobre la cama. Las cortinas estaban cerradas por lo que la oscuridad imperaba y se hacia sentir. Encendí el reproductor de música y escuche un par de canciones de una de mis bandas favoritas: Evanescence. Esas letras tan profundas me tocaban muy de cerca. Hablaban de lo que me pasa a diario: de estar solo, aislado y de sentir que no le intereso a nadie. Llore. Estoy sólo en este infame mundo. Sufro y a nadie parece importarle, ni si quiera a mi familia. Tengo todo lo que quiero, pero solo son cosas materiales. No tengo lo que quisiera tener, Me refiero a la compañía de un amigo o la atención de mis padres.
Ahora estoy escribiendo esto y es como un acto de liberación. El dolor del alma me esta matando pero lo que hare en un rato me liberara de la tortura. No quiero seguir en este mundo y vivir por el solo hecho de seguir un día mas. ¿Qué si estoy seguro de lo que pienso hacer?: si lo estoy, completamente. Estoy cansado de ser completamente invisible para los demás. Mis lagrimas se deslizan sin cansancio por mis frías mejillas.
Fui al baño a buscar el pastillero de antidepresivos. ¿Un segundo de lucidez o instinto de preservación? Creo que la segunda opción es la correcta. Abrí el frasco y saque una de las pastillas que religiosamente tomo desde los doce años y la contemple mientras pensaba que todos estos años esa pequeña, pálida y ovulada píldora me había mantenido vivo en medio de mi mundo de vacío. Creo que sin ella ya hace mucho tiempo hubiese hecho esto que voy a hacer.
Baje a la cocina y mama seguía aun con su libro leyendo a la luz del sol. Retire una botella de champagne de la bodega y subí a mi cuarto. Me desvestí y me observe frente al espejo. Mi rostro delgado y sin color. Mi cintura escuálida y mis enormes ojos tristes. Agarre la foto de mi único amigo, el que tuve el tiempo que vivimos en Buenos Aires.
En el baño abrí el pastillero y me tome una a una las pastillas. Cuarenta y dos en total. Ahora estoy tomando un trago de champagne. Esta, creo que es la cuarta copa y ya me siento muy mareado. No se, si será por las burbujas o por el efecto de las pastillas pero realmente estoy desorbitado. La botella no tiene mas liquido. Me puse la bata de baño y fui por otra botella.
Mama ya no estaba en el sillón leyendo. Se encontraba con Abie, su amiga, una aristócrata que de lo único que sabe hablar es de los negocios que tienen en el extranjero. Ellas se llevan bien porque ambas aman gastar dinero que sus maridos cosechan. Me pare frente a ellas y ni se inmutaron. La vieja Abie me hecho un vistazo y luego continuo con su absurdo discurso. Mamá la miraba atenta, parecía hipnotizada por la vieja. Me fui, la escena me causaba repulsión y la vista ya se me nublaba mucho mas. Tome el champagne francés y volví a mi cuarto. Prepare el baño con espuma y encendí algunas velas con aroma a arándalo. Ahora voy a llevar la botella al baño junto con estas hojas para registrar mis últimos minutos aquí en este mugroso y absurdo mundo.
Esta sexta copa me ha afectado los movimientos. Apenas si puedo escribir estas líneas. El agua se siente tan tibia. La espuma me abraza calidamente como nunca antes nadie me había abrazado. No siento los parpados ni la cara. Me siento muy mareado. Comienzo a ver todo cada vez mas nublado. No quiero que se culpe a nadie por esto. No hay culpables. Es una decisión mía, solamente estoy acabando con este sufrimiento que dia a día me visita para reírse de mi. Quiero que se cumpla mi ultima voluntad y mi cuerpo sea enterrado en tierra y no en los nichos de cemento. Siempre me dieron la impresión de que son cárceles del mas allá. Celdas que aprisionan las almas de los que ya han dejado el mundo de los vivos. Mamá y papá los amo a pesar de todo. No estén mal por mi ni se culpen de esto. Tengo fe que voy a encontrar la paz donde quiera que vaya, después de esta vida seguro existe algo mejor. Gracias.
El muchacho continuo bebiendo la deliciosa bebida hasta acabar la segunda botella. Luego dejo caer la copa entre las espumas, se sumergía lentamente, casi como su propia vida. La espuma se devoró en segundos la alargada copa de cristal.. Miles de imágenes atravesaron sus morenos ojos. Los pequeños momentos de felicidad. Los cuantiosos y duros días de dolor. No tardaron en devenir las alucinaciones. Una luz al final del camino. Corrió deprisa hacia ella. Segundos después, quince años de dolor y desdicha habían finalizado. Las píldoras que alguna vez lo habían mantenido con alguna esperanza de que las cosas mejoraran, ahora lo llevaban lejos de aquí, a un lugar donde quizás estaría mejor o al menos en paz.
Cuatro horas mas tarde el cuerpo de Luis fue encontrado por su madre. Parecía dormido en la bañera, pero no, el estaba muerto. La madre lloro al cuerpo de aquel que habia sido su hijo. Ella se lamento el no haberle dicho “te quiero hijo” o simplemente haber estado junto a él aquellos años. Pensamientos como “he sido una mala madre” se hicieron presentes en la mente de Susana. Ese mismo día el padre volvió de Los Ángeles y se cumplió la ultima voluntad de Luis. Fue sepultado bajo tierra al pie de un pino.
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