jueves 13 de octubre de 2011

La rosa del desierto - Primera parte


Primera parte
Majestuosos los camellos desfilaban por el ardiente suelo arenoso del desierto de Dubái. Un paisaje realmente imponente. A donde quiera que ella viera sólo encontraba arena y más arena. La 4x4 subía y bajaba por esas dunas a velocidades insospechables para aquellos quienes piensan que un paseo por el desierto puede resultar una tarea mas que complicada. Al cabo de un rato,  una mujer norteamericana y otra Holandesa comenzaron a contar historias típicas del lugar. Eran las guía turísticas. Después de las historias llegaron los comentarios  acerca del tipo de fauna típica del desierto. Subsiguientemente hablaron del clima. “Durante el día la temperatura puede trepar unos cuantos grados mas que ahora,  mientras que por la noche esta cae drásticamente hasta alcanzar temperaturas bajo cero”, explico Lauren una de las guía. “Ahora hagamos un poco de sandboarding”, sugirió Marlene, la joven holandesa. Rosa la miraba atentamente le hizo una radiografía con sus enormes ojos. Leyó el pin que llevaba en su camisa: Marlene Presley, guía de turismo oficial. Ninguna de las mujeres se atrevió a realizar la actividad que se les proponía, por lo que ambas guías coincidieron respecto de pasar a la próxima actividad del paquete: paseo en camello. Actividad que todo el mundo se desespera por realizar. Demás esta decir que es una postal casi obligada que cada turista retrata con su cámara fotográfica, y en caso de no contar con una, las amables guías pueden tomarte una por solo diez dólares. La primera en treparse a uno de los animales fue una gorda de más de cuarenta años. Con la lente de los anteojos más gruesos que el culo de una botella y cabello insulso. Por el asentó que portaba parecía ser de Italiana. Rosa miraba con recelo la situación y pudo ver que el camello casi no se podía mantener en pie. Si ese animal pudiera hablar, de seguro lanzaría una lluvia de insultos sobre la obesa mujer que se posaba cual reina de carnavales sobre la espalda del cuadrúpedo. Luego, la que se sumo a la aventura fue una francesa. Era joven y apuesta. Después, llego el turno de Rosa. Su delgado cuerpo subió con ayuda de las guías a la joroba del camello. “ahí no, mas atrás”, indico Lauren. La excursión comenzó a las diez de la mañana. Duró poco más de dos hora. Después, el grupo de diez mujeres regreso a la ciudad. Camino por la autopista el paisaje era increíblemente sublime. “Que hermoso ese rascacielos”, sentencio una joven.Al llegar al hotel Kempinski Mall Of The Emirates, un hombre de innegables rasgos árabe las esperaba. En un ingles muy precario se presento y luego las invito a disfrutar del spa que estaba en el piso cincuenta y seis. Dos pisos más arriba del que estaban ellas. “No suena nada mal -pensó Rosa- además, necesito quitarme toda la arena del desierto que traigo en el cabello” Primero fue a su habitación y se despojo de la vestimenta típica del desierto para ponerse una cómoda bata de baño. Tomo el ascensor y al llegar al spa quedo impresionada por todo el lujo. Una enorme piscina de agua caliente, pequeñas cascadas que generaban un ambiente de ensueño. A los costados, las sillas-cama atestadas de mujeres que solo cubrían sus cuerpos con toallas blancos. Todas gozando en silencio. Nadie hablaba. Rosa jamás había presenciado un ambiente de tanto silencio en su vida, ni cuando visito los sagrados templos indios. Atravesó por entre medio de silenciosos cuerpos y se sentó sobre el borde de la piscina. Pensó en nadar, pero luego deicidio solo sumergir sus pies. Mas tarde tomo un masaje con piedras calientes y luego bajo al restaurante del edificio para almorzar.Después del almuerzo, Marlene Presley se apersono ante las mujeres y las invito a una excursión por los principales centros comerciales de Dubai. “Tienen a Gucci, Calvin Klein…”. Marlen iturrumpio. “También Armani, Carolina Herrera, Oscar de la Renta y muchas más. Dubai tiene lo mejor de lo mejor”, sentencio Presley mientras esbozaba un sonrisa picara. Las mujeres enloquecieron y todas menos Rosa dieron el si. “Me quedare a leer un rato y luego dormiré unas horas, pues supongo, que la noche aquí también debe ser lo mejor de lo mejor”. Lauren asintió con la cabeza y agrego: “Única y mágica”.Regreso a su habitación y leyó un poco del ultimo libro que había escrito su amiga, la mexicana Liliana Stegman. Desde su piso, Rosa podía ver toda la ciudad. La contemplo unos instantes y luego cerro las cortinas para poder descansar un rato. Recostaba pensó en Adolfo, su ex esposo, en sus hijos y también en su amiga Jazmín que hacia meses estaba internada en el Sanatorio Laprida sumida en un profundo sueño del cual no podía despertar. Jazmín tenia treinta y ocho años como ella y por el accidente automovilístico que había sufrido hace nueve meses atrás permanecía en coma. Recordó las veces que fue a visitarla. Su delgado y pálido rostro tenían menos vida que un pedazo de mármol. Conectada a unos pulmones mecánicos que la mantenían con vida. Estaba ahí postrada en la cama, entera en cuerpo, pero desintegrada su alma. Siempre se preguntaba por donde andaría vagando su alma. Cerro los ojos y le pareció ver para al pie de su cama el alma de Jazmín. Se horrorizo. Instantáneamente paso a pensar en Adolfo. “Miserable, ¿cómo pudo haberme dejado por una mocosa de 23 años? -se pregunto mientras dibujaba en su mente el rostro de su ex marido- le di los mejores trece años de mi vida, se lo di todo y me paga de esta manera: dejándome sin nada”. Minutos más tarde quedó completamente dormida. El despertador del celular sonó a las siete de la tarde, estridentemente. Casi dormida aun, se sentó en la cama y tomo el celular. Miro la pantalla del aparato. Nada. Ni un mensaje. Ninguna llamada. Se puso de pie y camino hasta el ventanal. Corrió las cortinas. Afuera el sol comenzaba a caer. Rosa cogió el teléfono y llamo a la recepción.
-Hola, soy Rosa Palacios de la habitación 503, quisiera que me traigan un té a mi habitación si es posible -dijo sobriamente mientas jugaba con el cable del teléfono. 
-¿Desea algo más señora Palacios? -preguntó la voz del teléfono. 
-Si, ya que lo dice puede ser un poco de miel también y nada más.
-Bueno, en cinco minutos un camarero le llevara todo a su habitación -dijo la voz femenina- y recuerde que estamos para servirle. Hasta luego señora Palacios.
 Rosa colgó y antes de que se diera cuenta el camarero ya estaba golpeando la puerta con la bandeja en la mano. 
-Señora aquí esta el te y la miel que pidió.
-Muchas gracias, es usted muy amable -le dijo al moreno de grandes ojos verdes que le estaba entregando la bandeja plateada- por favor, déjelo en la mesita.-¡Oh! si, disculpe -se excuso el camarero.
-No hay problema, solo que soy un poco torpe y temo echar a perder el te -explico Rosa- además, muero por beberlo.
Ambos rieron. El muchacho dejo la bandeja en la mesita de living de la habitación y se marcho. Rosa se quede pensando en la belleza del muchacho. Realmente era muy apuesto. “Puede ser mi hijo -pensó al tiempo que se ruborizo- ¿que estoy diciendo?”. Se sentó en sillón capitanee que hacia juego con los demás muebles de la habitación y agarro el libro por donde lo había dejado. Mientras leía,  tomo la cucharita y vertió un poco de miel en el té. Se acomodo y bebió un poco de la infusión. “Que delicioso esta esto -pensó mientras observaba las palabras del libro sin leerlas- hasta el té es mejor aquí al otro lado del mundo”. Al rato el celular sonó, era Lauren que llamaba para informarle que a la noche estaban invitadas a una fiesta que se daría en el hotel. Se festejaba el primer año en pie del enorme rascacielos dentro del cual ella se encontraba. Si deseaba podía participar de ella o bien recorrer los lugares mas visitados de la noche de Dubai. Aunque la fiesta en las instalaciones podía tener sus ventajosas oportunidades, la segunda opción sonaba mucho más tentadora.
-A las nueve estése lista -dijo la guía- un hombre pasara por usted y la traerá hasta el restaurante Farid y desde allí recorreremos la ciudad de punta a punta. 
-De acuerdo, estaré lista para esa hora. Muchas gracias. 
Después de cortar la comunicación cerro el libro y lo hizo a un lado. En un lento movimiento llevo su cuello de norte a sur y de este a oeste. Este rechino estridentemente. El sonido recorrió la extensa habitación e impacto contra los cristales del ventanal. Rosa escogió un vestido negro y unos zapatos de tacos altos que estilizaban su lánguida silueta. Se aplico unas cuantas gotas de ese perfume italiano que tanto adoraba y luego se maquillo un poco nada más. Tomo su cartera y bajo. La noche comenzaba así y ella estaba con muchos deseos de vivirla intensamente cada segundo. 

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