Me tome el colectivo en calle España y Santa Fe a las doce del medio día. Un viaje mas de los que estoy a acostumbrado a hacer. Me siento en n asiento individual y me pongo a leer un libro que nunca puedo terminar de leer “La Republica de Platón”. Gente que sube y desciende. Madres con niños que salen del colegio. A la altura de calle Avellaneda sube un hombre bien vestido y con el pelo engominado. Se presenta y dice ser portador de HIV. Con un discurso mas que conmovedor se dirige a nosotros los pasajeros. Yo lo miraba y oía atentamente. Siempre desconfío de los tipos que suben a los colectivos diciendo que portan alguna enfermedad como esa. Siempre pienso que son chantas que lo único que quieren es lucrar con la lastima de la gente. “Vagos” diría un amigo mío.
Después de terminar su discurso el señor, que no pasaba de los 40 años de edad, dijo que pasaría por cada asiento a retirar una donación a voluntad con la cual compraría pañales para su hijita y comida para su familia. Luego, dijo que el estaba así por culpa de la sociedad que lo discriminaba. Automáticamente pensé: no es culpa de nosotros, es culpa de la imprudencia de tener relaciones sin cuidarse. Obvio no lo dije, simplemente lo pensé en mi interior. La mayoría de la gente le daba dinero. Seis billetes de dos pesos y unas cuantas monedas. Yo tenia monedas para darle pero mi conciencia mas extrema se negaba a hacerlo. Nunca lo hago ni con los chicos que piden en las esquinas. Prefiero darles un paquete de galletitas o algo por el estilo ya que uno nunca sabe que hacen con ese dinero que reciben. Me parece mejor darles algo que comer. Cuando ví que el tipo se acercaba a mi asiento pensé en sacar de la mochila un preservativo y dárselo. Seguramente esa seria una gran enseñanza para todos los presentes en el colectivo. Era una forma de decirles “usar preservativo te previene de pasar una vida de mierda”. Callé, no lo dije. Seguramente nadie entendería el significado de la puesta en escena y mas de uno se hubiera ofendido y hasta talvez violentado. El sujeto continuo a bordo del colectivo con la recaudación. A la altura del complejo de cines Village toca timbre y baja. Lo mire hacer media cuadra mientras el colectivo esperaba la señal verde para continuar. El hombre para a un grupo de personas que pasaban por la vereda. Saca un cigarrillo y lo enciendo con el cigarro de uno de los transeúntes. En ese momento me sentí muy bien en no darle ni un centavo. Mas que nunca desconfíe. No se si mintió o no… da igual. Solo me sentí mal por la gente que fue estafada emocionalmente ya que se habían solidarizado con ese hombre que decía padecer esa temible enfermedad y que supuestamente se veía en la obligación de salir a pedir sobre los colectivos para llevar alimentos a su casa.
Continúe mi viaje realmente molesto con lo que había presenciado y al llegar a casa tuve la necesidad de escribir esto. No se si esta bien o mal pero necesitaba desahogarme. Con esto que escribí, no quiero decir que todos los que suben a los micros a pedir monedas mientan, pero de un tiempo acá veo que mucha gente recurre a las mentiras y la misericordia de la gente para tener dinero sin hacer nada.
* Perdón si alguien se siente ofendido con mi forma de pensar pero soy sincero conmigo mismo.
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