viernes 19 de agosto de 2011

El examen


“No te des por vencido... ni aun vencido”, fueron las palabras que resonaban constantemente en mi mente. Ofuscado por la rutina quise dejarlo todo y echarme a dormir. “No te des por vencido…” una y otra, y otra vez más. Mis ojos luchaban con mi mente. La batalla fue despiadada, pero por cinco minutos mas, ellos continuaron abiertos de par en par. Cuatro paginas y luego otras dos. El cielo enfurecido rechinaba. Relámpagos recorrían impetuosamente ese oscuro fondo. Sobresalían y brillaban intolerantemente. Parecían decir “aquí estamos”. Esplendorosos.Volví al libro. Capitulo IV “Paradigma Funcionalista”. La noche se hacia sentir. Majestuosa e irreverente. Los grillos afuera ofrecían una singular orquesta. Por unos segundos baje el volumen del televisor y me dedique a atesorar ese maravilloso espectáculo musical. Que maravillosa la naturaleza. “¿Cómo harán esos bichos para generar ese estridente sonido?”.  Media hora después. Volví mi cabeza hacia la pared. Las agujas del reloj marcaban las 4:10 de la mañana. Me asome al balcón y las gotas golpearon mis mejillas. El diluvio. Miré más allá de los edificios. Nada.Solo dos segundos del puro y frío viento bastaron para revitalizar mi cansado espíritu. Volví a mi los textos que a gritos me invitaban a sentarme en la oscura silla de roble. Leí unas cuantas paginas con mucha convicción, pero, luego el cansancio volvió a llamar a mi puerta. “Es hora de dormir, ya déjalo todo y ve a la cama”. Tic, tok, tic… tok… tic… una, dos, tres, seis, nueve y cien veces mas. El sonido recorría mi cabeza de izquierda a derecha, y, luego en dirección opuesta. Pensé en dejarlo todo e irme a dormir. “¿como te vas a ir a dormir? mañana tenes que rendir bien”. “No te des por vencido... ni aun vencido”, conocía esa voz que susurraba desde lo mas profundo de mi mente. El sueño me estaba derribando por lo que tenia que hacer algo para despertarme. Una buena ducha considere era la mejor opción. Encendí la ducha y me pose bajo el chorro de agua que salía con bastante presión. El agua rebotaba en mi piel como una lluvia de virutas recién extirpadas de una pieza de metal. Baje la potencia. Ahora el agua salía suave y tibia. Me relaje unos minutos y luego volví a la mesa donde yacían a la espera las teorías de grandes exponentes de la política de todos los tiempos.Para hacer mas llevadera la situación encendí un sahumerios de arándano. Lo deje muy cerca de la mesa. Me sumergí en el mundo de la política y por unas horas no me moví de la silla. La poca claridad que ofrecen los días nublados entro a través de esa cortina blanca que mamá tanto atesoraba. Miré al reloj. Las ocho de la mañana. “Ya debería estar en la facultad”. Corrí a mi habitación por un abrigo. Sweater color colar, jean oscuro y zapatillas blancas. Estaba listo para salir a enfrentar mis responsabilidades. Rendir y aprobar era mi única preocupación.A lo lejos el colectivo celeste y blanco. Muy nacionalista y moderno.  Uno de los nuevos coches de la línea ciento quince se aproximaba a paso de tortuga y atestado de gente. Después de unos minutos arribamos a destino. Complejo universitario “La Siberia”. Mire mi celular. Ocho y cuarto de la mañana. Corrí por esa añeja calle de adoquines. Subí las escaleras externas a toda prisa. En el bar gente tomando sus infusiones y hablando quien sabe de que tema. Pensé en correr, pero no quiera quedar como un desquiciado por lo que aminore la marcha. Estire mis piernas lo mas lejos que pude para ganar centímetros. Por el pasillo los carteles inundaban las paredes. Propagandas políticas, Derechos Humanos, números de profesores particulares, etc, etc. Los autos reproches por no haber salido mas temprano no faltaron. Al final del pasillo, estaba el aula en el cual probaría por medio de un examen, que realmente había entendido esas teorías que hace meses veníamos trabajando. En la puerta un cartel decía que se suspendía el parcial porque la profesora había sufrido un accidente. Mis ojos se arquearon y la mandíbula me llego a la rodilla. No podía creer lo que mis ojos estaban viendo. Me quede firme de pie mirando por la ventana de vidrio de la puerta. El salón vacío. Segundos después, volví en mi y regrese sobre mis pasos. En la parada de colectivos me esperaba otro coche celeste y blanco.El motor del rodado comenzó a crujir apaciguadamente y segundos después se deslizo lentamente por esa calle. En mi cabeza se hizo presente ese juego de palabras que me habían mantenido firme junto a los textos durante la madrugada: “No te des por vencido... ni aun vencido”. Maldije aquellas palabras hasta en idiomas aun no existentes. 

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